Crèdits

El diseño es culpa del Entresuelo Siete.
Las fotos las disparó Mireia Ramos.
Lo masterizó Pau Arumí.
Y lo cantó, compuso y grabó Rubén Pozo en los Estudios Rusos.

Gracias a la tecnología analógica y a mi habitación por hacer de grupo, estudio, local y dormitorio, a Pletoria, Holland Park y Debaser, y a los que visitáis mi web y curioseáis con mi vida.
Gracias a Bankrobber (Xavier, Marçal y Jordi) por hacer realidad un sueño, y a todos los que os habéis pinchado en este proyecto: Paco, Richie, Ramon, Javi, Óscar, Mireia, Pau, Stephin Merritt (por la frase) y Enric Granados 34.
Gracias a todas y todos, a familia y amigos, a mitos y musas, a compañeros, conocidos y vecinas, gracias, y gracias a Dios por tener tanta paciencia conmigo.

Trisetza nao tem fin, felicidade sim.

 

Nota de prensa original (2002)

Las canciones de El Chico Con La Espina En El Costado han visto la luz en una habitación pequeña y aislada de Girona, la suya. Es su mundo, su cuartel general donde esperanzas, platonismo, contradicciones, romanticismo cafre y cacharros sonoros de baja fidelidad rodean la cama vacía. Abonado al desamor y a la vida contemplativa, su disco de debut destila tristeza, aunque pasada por el túrmix de la ironía y con algo de autocompasión. También abunda la picardía. Una canción de El Chico podría definirse como un artefacto melódico concebido para alcanzar un fin siempre unidireccional: atrapar a esa mujer deseada y escurridiza que pasa bajo su ventana. Muchas de ellas nunca llegaran a saber que inspiraron melodías como A Desperate Love Song.

Las afortunadas excepciones pueden descubrirse como musas tras la voz nasal de El Chico. La viste con grabaciones acústicas y caseras que incluyen pinceladas electrónicas y sampleados clandestinos. En este caso, lo lo-fi no quita lo apañado de los arreglos. Como en la cocina, los mejores platos pueden prepararse con cuatro ingredientes y mucha paciencia, ya que ha grabado él mismo todas las pistas de su debut (silencios incluidos). Salvo los préstamos, a la vez inconfesables que irreconocibles. Se admiten apuestas.

Pero además de crear música le gusta escribir, y que le lean. Ya ha congregado una pequeña comunidad de fieles alrededor de su activo diario en internet, donde destapa y ventila sus cosas, sus sensaciones, la mejor clave para descubrir el personaje que se esconde tras El Chico Con La Espina En El Costado. También en los conciertos se descubre como monologuista, aunque hasta hoy se ha prodigado poco sobre el escenario. Se ha reservado para ocasiones escogidas, como los conciertos junto a The Walkabouts y Montgolfier Brothers en Barcelona. Antes, una de las cinco copias existentes de su maqueta había llegado a la redacción de Rockdelux para quedar semifinalista del concurso de maquetas.

Ya lo decía Vinicius de Moraes, “a tristesa nao tem fim, felicidade sim”. El disco de debut de El Chico desprende siempre un poso de tristeza que no debe ocultar un personaje vitalista por vocación. El que la sigue la consigue, y en Like a thief in the night hasta se muestra exageradamente seguro de si mismo. En On The Top Of The Churchtower ofrece la fotografía que, aunque movida, evoca un intento de felicidad casi épica. Autumn Streets busca la luz del otoño que vio nacer a El Chico. En el cierre sorprende con Curly Eyes, una canción fonética e improvisada, un instante de tiempo capturado para siempre.